No me ha gustado nunca la porcelana,excepto cuando podìa pasar horas en casa de mi abuela pasando el paño a todas y cada una de las figuritas que ella tenìa decorando su mueble de madera de cerezo.Me sentaba en su mecedora y hasta que no estaban brillantes no las volvìa poner en su sitio.Me parecìan personas diminutas y eran tantas y tan variadas que podìa inventarme historias entre todas ellas.
Sin embargo,al ver el trabajo de Jessica Harrison mi pasiòn por ellas podrìa fàcilmente renacer y seguramente mi abuela la pondrìa al lado de del perro pelòn cara a la pared.






